No creo que tus decretos tengan tanta fuerza como para permitir al hombre ignorar las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre.(Antígona a Creonte).
...y la mujer, abrazada cariñosamente al infeliz, le decía: Quiero ignorar y sufrir contigo.