Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico
Los liberales se rehúsan a condenar lo que las sociedades han condenado por miles de años: la promiscuidad, el divorcio, la ilegitimidad y la homosexualidad.
Cuanto más complejo se vuelve un sistema, más improbable resulta, mas cosas pueden fallar y más esfuerzo conlleva su mantenimiento.
Nuestra disposición a ser incomprendidos, nuestra orientación al largo plazo y nuestra tolerancia a fallar de manera reiterada son las tres partes de nuestra cultura que hacen posible que hagamos las cosas que hacemos