Después de haber descubierto que la vida no tiene sentido, no nos queda más que hacer que darle un sentido.
Víctima del desorden que impide el desarrollo de mi mundo, no me lamento de esto ni lo otro. Sufro, velo y trabajo como si cada noche tuviera que morirme, porque debo ganarme la vida para siempre.
La precipitación y la superficialidad son las enfermedades crónicas del siglo.
¿Existe algo más admirable para dos almas que la sensación de unirse para siempre, de fortalecerse mutuamente en toda dura tarea, de apoyarse la una en la otra en los momentos de aflicción, de auxiliarse en el sufrimiento, de entregarse como un solo ser a los silenciosos e inefables recuerdos en el momento de la última partida?
Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia. Soy la pequeña de siete hermanos y mi casa siempre estaba llena de gente. Nunca me ha faltado alguien para hablar y reflexionar al lado de un café. Las sobremesas podían empezar a las cuatro y terminar a las nueve de la noche
La biografía es quizás, la más interesante rama de la composición.
En última instancia, la mejor biografía de un autor es su obra, no el conjunto de las acciones, en el fondo análogas a las de cualquier otro (comer, dormir, amar, acudir a una u otra tertulia, ir a la oficina o donde sea), que a diario se ve obligado a realizar.
La historia del comunismo, inspirado originalmente en ideales nobles, ilustra claramente lo que sucede cuando las personas tratan de cambiar la realidad externa, de crear una nueva tierra, sin un cambio previo de su realidad interior, de su estado de conciencia. Hacen planes sin tomar en cuenta la impronta de disfunción que todos los seres humanos llevamos dentro: el ego.
Cuenta tu historia y no dejes que otros te definan
Es la primera vez que hago cine y la verdad que sí estoy muy ilusionada, tengo además muy buen libreto, un director extraordinario, tengo la confianza de que se llevará de la mejor manera, por eso tengo tanta confianza y tranquilidad, es una historia padrísima, así que no tengo miedo alguno por ser mi primera película.
El acontecimiento fundamental del año 1933 vendría a probar, si es que esa prueba era necesaria, que el hombre no puede dejar de plantearse el tema de la sociedad buena, y que no puede tampoco liberarse de la responsabilidad de dar una respuesta, remitiéndose a la historia o a cualquier otro poder distinto de su propia razón.
La precipitación y la superficialidad son las enfermedades crónicas del siglo.