Viviendo los Apóstoles, se celebró ya un Concilio, donde los fieles iban a determinar algunos puntos de fe y disciplina; y los cánones proclamados en él adquirieron fuerza de ley. Así repudiábanse las herejías, aclarábanse mejor las creencias reveladas, a medida que se veían mal interpretadas, y se adaptaba la disciplina a los tiempos y lugares.
Para ser grande hace falta un noventa y nueve por ciento de talento, un noventa y nueve por ciento de disciplina y un noventa y nueve por ciento de trabajo.