Las vacas estaban sumidas en una existencia bestial que carecía dichosamente de profundidad espiritual: arrojar chorros de leche y mascar, cagar y mear, pacer y dormir, esa era toda su razón de ser.
Niño, no te preocupes, si pueden hacer penicilina de la leche cuajada, estoy seguro de que van a sacar algo bueno de ti. Pero nunca permitas que alguien te impida creer en ti mismo.