La verdadera revolución, tarde o temprano, debe instaurar el diálogo valeroso con las masas. Su legitimidad radica en el diálogo con ellas, y no en el engaño ni en la mentira.
Hay que cerrar filas en torno a este buen Gobierno que tenemos formado por hombres competentes y patriotas. (...) Sus aciertos en la lucha antiterrorista deben recibir aplauso, y sus errores comprensión. (...) El Estado español tiene legitimidad moral para recurrir a métodos irregulares. 1983