Sus alcoholes te removían cualquier mancha en el alma. Tenías reacciones al primer sorbo: la boca tenía vida propia, un brazo se estiraba por sí mismo, el hígado te reclamaba a gritos en el oído, un ojo parpadeaba cinco veces seguida.
El cerebro engendra pensamiento como el estómago jugo gástrico; el higado bilis, y el riñón orina.
Un aire de caricias ondula la marea castaña de tu pelo con luz que balbucea.
¿Cómo puede haber cansancio cuando está presente la pasión? Oh, no suspires con pesadez por la fatiga: ¡Busca la pasión, búscala, búscala!