Ya estoy acostumbrándome a los críticos: el uno elogia precisamente lo que al otro le pareció mal. No queda otro recurso que la propia crítica, el estudio y el trabajo. En este sentido estoy haciéndome, y sé que me falta mucho. Quiero ser un poeta, no un juglar.
A uno que finge, como un comediante, por ejemplo, que finge un papel, de rey, digamos, cuando no es sino un pobre andrajoso; u otro papel cualquiera. ¿Qué mal hay en ello? ¡Ninguno! ¡El deber! ¡La profesión! ¿Cuándo está mal, en cambio? Cuando no se es hipócrita por deber, por profesión, sino por gusto, por perversidad, por engaño, por costumbre...O incluso por educación...