En el fondo se trataba de la mirada, no tan paradójica, de un amante de la intimidad que, cuando ha visto invadida su intimidad, no aprueba del todo que el invasor se levante y se vaya, un, dos, tres, así como así.
No me preparo para la muerte, conozco el principio de las cosas, el fin es una superficie por la que viaja el invasor de mi sombra. Yo no conozco las sombras.