No hay, entre una docena de preciosas hijas de Andalucía, un par de ojos capaces de sostener la competencia con los de una chilena.
... la economía mercantil, que necesariamente origina la competencia entre los productores de mercancías, la desigualdad, la ruina de unos y el enriquecimiento de otros.
Por último, no ha sido declarado ni por la Iglesia ni por el Papa mismo que él séa el soberano civil de todos los cristianos del mundo, y, por tanto, los cristianos no están obligados a reconocer su jurisdicción en manera de costumbres.
En el tu, tenian bajo su jurisdicción entre diez mil y cincuenta o sesenta mil habitantes. Tenían fuerzas armadas propias, como los cuerpos de defensa; facultad para establecer impuestos por su propia cuenta, como por ejemplo, el impuesto por mu de tierra, y facultades judiciales propias, como la de detener, encarcelar, interrogar y castigar a su antojo a los campesinos.
Asumo la responsabilidad que se me encomienda con la convicción de que, como he afirmado muchas veces, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es uno solo
Son mis acciones que definen quien soy, y mi responsabilidad no radica en mi nombre sino de lo que hay dentro de mí, ser una buena persona, de cumplir mi deber con toda la gente del mundo, yo tengo que cumplir con mi deber, para ayudar a la gente lo voy a hacer, eso está en mi corazón.
Contra la razón augusta, nada. Sobre el deber de dar empleo a las fuerzas que puso en la mente la naturaleza, nada. Ni rey sobre el derecho político, ni rey sobre la conciencia. Por encima del hombre, sólo el cielo.
En el camino no te olvides de la gente que importa en tu vida: tu familia, tus amigos, todos tus seres queridos. No te olvides de ti mismo y de tu deber de convertirte en un mejor ser humano.
El ajedrez no es para mí un juego sino un arte. Sí, considero que es un arte y me hago cargo de todas las obligaciones que eso implica. Todo ajedrecista destacado y con talento no es que tenga el derecho sino que tiene la obligación de considerarse artista
Cuando recibo a los políticos, algunos vienen bien, con buena intención y compartiendo la visión de la Doctrina Social de la Iglesia. Pero otros llegan solo para buscar lazos políticos. Mi respuesta siempre es la misma: la segunda obligación que tienen es dialogar entre ellos. La primera es el custodio de la soberanía de la Nación, de la Patria.
Cuando alguien asume un cargo público debe considerarse a sí mismo como propiedad pública
Con mucha sabiduría, en el siglo XIX los políticos se dividían en moderados y exaltados. Entonces estaba claro que el destino de una sociedad dependía del carácter de sus gobernantes. Después de todo, un político, un juez, un obispo o un militar traslada al ejercicio del cargo las mismas pasiones que utiliza para jugar al tute o a la garrafina.
Muchas cosas pueden convertirse en fardos, en cargas, si nos aferramos a ellas ciega e inconscientemente. Por ejemplo: quien haya cometido errores, puede sentirse irremediablemente agobiado por ellos y caer en el abatimiento; el que no haya incurrido en errores, puede creerse irreprochable y volverse vanidoso.
La vida de un hombre es interesante cuando ha cometido errores; es una muestra de que intentó superarse.