El sueño permite, sostiene, retiene y saca a luz una extrema fineza de sentimientos morales, a veces incluso metafísicos, el sentido más sutil de las relaciones humanas, de las diferencias refinadas, un sabor de alta civilización, en resumen, una lógica consciente, articulada con una delicadeza inaudita que sólo un vigilante trabajo podría conseguir.
El total control de todo es un imposible, pues estaría plagado de una total responsabilidad, presión carente de sentido y nos acarrearía tener que inmiscuirnos en asuntos que a veces no nos competen