Todos coinciden en que mi obra no es más que un largo, empecinado, a veces inexplicable plagio de Faulkner. Tal vez el amor se parezca a esto. Por otra parte, he comprobado que esta clasificación es cómoda y alivia.
Y a veces charlo, a veces rezo, a veces lloro, como guiso en mi pequeña cocina del rincón