En nuestra organización social actual, la aprobación del público resulta crucial para cualquier proyecto de gran calado. De ahí que un movimiento digno de todos los elogios puede fracasar si no logra imprimir su imagen en la mente pública.
Un artesano, que maneja sólo materia inerte, puede fracasar en su propósito tanto como el político que dirige la conducta de agentes sensibles e inteligentes.