Oyes peleas, hueles la cena, escuchas el amor. Escuchas la radio.... Escuchas a la gente rezando, peleando, roncando.... traté de poner todo eso en la flecha Aérea de Harlem.
La mariposa, en cambio, salta del capullo en el instante mismo de su transfiguración en que como una flecha de nacimiento abre los ocelos de sus alas a la luz.