El mundo no recordará mucho tiempo lo que digamos hoy aquí... pero es nuestro deber, por respeto a su memoria que nosotros decidamos... que no hayan muerto en vano. Tengo la serena pero profunda convicción de que la sociedad y las consolidadas instituciones democráticas de España no permitirán que deshonren su memoria ni los ideales constitucionales de libertad que defendieron
David le ganó una vez a Goliat hace 3.300 años o 3.400 años. David nunca más ha ganado a Goliat. Siempre ha ganado Goliat, por eso aparece en la Biblia Y nosotros somos David, con lo cual el camino debe de ser el de la convicción y el de la cooperación, primero por convencimiento, y segundo, porque desde la confrontación perdemos.
Viajan ya hacia la Tierra naves interplanetarias invisibles al ojo humano. Estos seres invisibles al ojo humano conviven en nuestro planeta desde siempre y moran en templos y conventos porque son místicos y tratan de imponer la fe
La revolución comienza en casa, en tu corazón, en tu negativa de comprometer tu fe y lo que vales.
(Ante la confesión del ex-Secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, de sentirse 'primero americano, luego Secretario de Estado, y tercero judío'): En Israel, leemos de derecha a izquierda
Toda gran filosofía es la confesión de su creador y una especie de autobiografía involuntaria e inconsciente.
Una política independiente y socialista no es posible cuando se debe a la banca, en un sistema de bancocracia en que todo lo absorbe, todo lo domina, todo lo impone. No hay independencia política cuando se depende respecto al que tiene el dogal al cuello: como se te ocurra llevar tu ideario con un mínimo de rigor, acaban contigo en una mañana
Nuestro ideario no ha sufrido claudicaciones ni enmiendas, pues no somos de aquellos que por conseguir las veleidades del éxito momentáneo, reniegan de sus principios y mudan de piel con cada cambio de estación.
La mitad de la ley es magia pura... tigres de papel que defienden el templo de una diosa con los ojos vendados.
Existe un límite a la fuerza que ni siquiera los más poderosos pueden aplicar sin destruirse a sí mismos. Juzgar este límite es el auténtico arte de gobernar. Usar mal este poder es un pecado fatal. La ley no puede ser un instrumento de venganza, nunca un rehén, no una fortificación contra los mártires que ha creado. Uno no puede amenazar a una individualidad y escapar de las consecuencias.