Helando mi vientre los remos golpean las olas. Noche de lágrimas.
Un hombre pobre sin nada en su vientre necesita esperanza, la ilusión, más que el pan.
Cuanto más engorda uno, más prudente se vuelve. Prudencia y barriga son dos cosas que crecen simúltaneamente.
La barriga se sacia rápido, el espíritu no se sacia nunca.