... ¿y el computador es capaz de hacer todas esas cosas, como el de guardar mis poemas por varios días, sin que se le modifique el contenido, y sacarme todas las copias que necesite?, así me preguntó el poeta, cuando le pasaba al equipo de la Escuela de Bellas Artes, Los poetas, amor mío..., pues se lo habían mal mecanografiado por la calle, para finales del año 1996
Pero la idea fundamental era la misma: crear un programa que obligase al computador a actuar emocionalmente, como una persona. (...) Cada uno de los programas podía reaccionar con tres estados diferentes: amor, miedo e indignación, y con tres iniciativas: acercamiento, retirada y ataque. Todo ello, naturalmente, era abstracto en extremo.
Su ayuda es mi sueldo. Su sueldo es la cuadratura de mí círculo, que saco con los dedos para mantener su agilidad. Su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de los errores de cálculo.
La vieja potencia de la muerte, en la cual se simbolizaba el poder soberano, se halla ahora cuidadosamente recubierto por la administración de los cuerpos y la gestión calculadora de la vida.