Así, con cada avance en los conocimientos científicos surgen nuevos elementos que, a menudo nos obligan a reformular nuestra imagen de conjunto de la realidad física. Sin duda, los teóricos preferirían perfeccionar y modificar sus teorías en lugar de proceder continuamente a su desguace. Sin embargo, esta obligación es la condición y el precio de todo el progreso científico
El último de estos demonios de los elementos se llama El Rey de las Nubes; su figura es la de un bello joven y se caracteriza por dos grandes alas negras. Aunque su aspecto es realmente encantador, no abriga mejores intenciones que los demás. Se ocupa continuamente de provocar tormentas, arrancar bosques de cuajo y derrumbar castillos y conventos sobre las cabezas de sus moradores.