Cuando el hombre que declara lleva un sable, es al sable a quien debe oirse, no al hombre.
¿Sabe, Fontanes, lo que más admiro? Es la impotencia de la fuerza para conservar algo. No hay sino dos poderes en el mundo: el sable y el espíritu. A la larga, el sable siempre es vencido por el espíritu