A mí no me tumba nadie. Derrotar a Chávez es como tragarse un crisol de aluminio o una barra candente de acero. Ni muerto me sacan de Miraflores
No nos es tan querido lo duradero, inmóvil: piedra preciosa con un fuego frío, pesada barra de oro refulgente; y las mismas estrellas extrañas, alejadas, no parecen iguales a nosotros, seres transitorios, pues la hondura del alma no la alcanzan.
El paisaje se aclara, el sol asoma en una faja escarlata sobre la diafanidad del cielo.
...cada uno tira para sí, cada uno habla su lenguaje, no quiriendo concertar con el otro.
Tu cuerpo es una vía que recorro con mi tren, 'ta lleno de estacones que me copan de placer; me trepo a tus volcanes por la nieve de tu piel y cuando voy bajando, voy esquiando y para en todas ese tren lo tren y acaba en una terminal de lujo que nos tira en el andén.
No nos es tan querido lo duradero, inmóvil: piedra preciosa con un fuego frío, pesada barra de oro refulgente; y las mismas estrellas extrañas, alejadas, no parecen iguales a nosotros, seres transitorios, pues la hondura del alma no la alcanzan.
A mí no me tumba nadie. Derrotar a Chávez es como tragarse un crisol de aluminio o una barra candente de acero. Ni muerto me sacan de Miraflores
El paisaje se aclara, el sol asoma en una faja escarlata sobre la diafanidad del cielo.
Ya es una bendición, hoy, no estar formando parte de la larga lista de parados del mundo. La actitud positiva genera respuestas positivas, así es que éste es el camino. Uno se vuelve más creativo y es más eficaz en todo cuando no está enojado
¿De qué tiene miedo? Aquí solamente estamos nosotros, el viento y los perros. La lista de los testimonios tranquilizadores no era, a decir verdad, muy feliz: el viento es parlanchín por definición, y el príncipe era a medias siciliano. De absoluta confianza solamente eran los perros y sólo porque estaban desprovistos de lenguaje articulado.
A veces lamento hablar en español: escuchado desde la otra orilla debe ser algo incomparable, lleno de chasquidos y latigazos, terrible carga de caballería de abiertas vocales, por entre un campo erizado de consonantes clavadas como estacas.
Los dramaturgos y los actores de esta orilla y de la otra, son lo que han creado y preservado espacios de libertad aún en los peores tiempo de la peste, la cólera, la persecución y el exterminio. Todos ellos, aparte del lenguaje, tienen en común el mismo deseo: reunir a un pequeño grupo de personas (cada día más pequeño) para celebrar la liturgia gozosa y cómplice del teatro.