Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
El corresponsal se preguntaba sinceramente, en nombre del sano juicio, cómo era posible que hubiese gente que considerase divertido remar en un bote. No era una diversión; era un castigo diabólico, y hasta un genio en aberraciones mentales no podría inferir jamás que se tratase de otra cosa que de un horror para los músculos y un crimen contra la espalda.
En efecto, durante años, los lideres mencheviques habían afirmado que la revolución burguesa no podía llevar a cabo sino las aspiraciones de la burguesía, que la socialdemocracia no podía asumir las tareas de la democracia burguesa y deberia, sin dejar de impulsar a la burguesía hacia la izquierda.
Los poderes públicos tienen la obligación de impulsar la práctica del golf