En el mundo discreto de la computación, no hay métrica significativa en la cual pequeños cambios y pequeños efectos vayan de la mano, y nunca los habrá.
Se puede considerar la mente como una especie de ordenador en cuya compleja memoria la información no se registra en su forma original, a efectos de su subsiguiente lectura, sino que se organiza automáticamente en modelos de datos.