El poder analítico no debe confundirse con el simple ingenio, porque mientras el analista es necesariamente ingenioso, el hombre ingenioso está con frecuencia notablemente incapacitado para el análisis.
Todo saber analítico está, pues, invenciblemente ligado a una práctica, a esta estrangulación de la relación entre dos individuos, en la que uno escucha el lenguaje del otro, liberando así su deseo del objeto que ha perdido (haciéndole entender que lo ha perdido) y liberándolo de la vecindad siempre repetida de la muerte (haciéndole entender que un día morirá).
Los crítico no me preocupan porque si lo hago mal, ya sé que lo he hecho mal antes de que lo escriban. Y si lo hago bien, Ya sé que lo he hecho bien. Me conozco bien a mí mismo, así que un crítico no me enoja
El valor literario nunca es establecido por un crítico particular o un grupo de crítico. El valor literario se establece por generaciones de poetas, novelistas y dramaturgos que han tenido que luchar contra la influencia de escritores particulares, una influencia que consideran ineludible. Y haciendo eso, establecen su valor. Realmente no importa lo que dices de ellos.
Un médico concienzudo debe morir con el enfermo si no pueden sanar juntos.
Un médico concienzudo debe morir con el enfermo si no pueden sanar juntos.
¿Pero la función del analista no es acaso la de escuchar todas las demandas, no para responderlas es cierto pero sí para desplazarlas, esclarecerlas, disolverlas?
El analista no es el que sabe, quien sabe es el analizante (analizante=paciente según la psicología de visos conductistas), es el supuesto al saber