La verdadera pobreza consiste en saber valerosamente sufrir por los demás, y en no permitir que los demás sufran por nosotros
El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.
A decir verdad Dios no parece necesitar razones para hacer lo que hace y para omitir lo que omite, al igual que sus criaturas
La máxima dicha es no necesitar nada. Eso sólo se logra mediante la experiencia. Ni siquiera un emperador puede equipararse a un hombre que no necesita nada. Él está libre para hacer lo que le plazca, y no debe ser servido por otros.
Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.