En primer lugar, ha de aceptarse que, cuando conocemos un poder, conocemos aquella dimensión de la causa en virtud de la cual está capacitada para producir su efecto.
El individuo es lo que es y tiene la importancia que tiene no tanto en virtud de su individualidad como en virtud de su condición de miembro de una gran comunidad humana, que dirige su existencia espiritual y material de la cuna al sepulcro.